Tranquilo,
no me faltan las ganas de ser débil,
una piedra hecha de barro que se deshace con la lluvia.
De escuchar el murmullo
del día que conmigo se va nublando.
De masticar la desgana como si fuese un chicle usado.
Ni siquiera,
ansío ser la astilla que se clava entre uña y piel,
ni el pie roto que tuerce la trayectoria.
Sólo quiero refugiarme bajo el aire limpio,
para darme una ducha de aire cargado de humo y sed,
y despertar en un portal martilleado por el sol.
lunes, 12 de abril de 2010
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Me alegra que cuelgues cosas por aquí para que las leamos todos. No es por meterte presión pero al menos un poema diario
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