La orgía de sangre
empieza a hacer que se empañen las ventanas.
Los gritos retumban
quebrando el cristal,
los dedos lo arañan,
pero no puedes agarrar sus manos.
Impasible,
mirando los bombardeos desde tu ventana.
Como en una sala de cine
¡bang!
¡bang!
¡BANG!
Que sus manchas carmesí
no perturben tu paz.
miércoles, 17 de noviembre de 2010
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